miércoles, 16 de noviembre de 2016

Echo de menos cuando bañabas con un gemido el silencio de un búnker.
Dejabas correr todo tu ser miles de veces, en miles de poros, en miles de pensamientos, en miles de pequeños tus que besaban miles de veces mi yo.
Que débil me sentía cuando no podía más, cuando sólo había dos opciones o que me estallara el pecho en mariposas o que me arrancara la piel.
Aquel momento en que nos encontrábamos transpirando el sudor del susurro y el aroma del secreto. Expresar esa catarsis es difícil de explicar si no lo explico con miradas.
Caliente, arropada, tu boca se abría a la mía.
Todo es poco.

Buceábamos entre impredecibles mareas, escalamos la montaña del agudo, y volamos sobre la cama, donde, pobres caímos, jóvenes, desnudos, polvo. 

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